Esta sesión familiar en Can Picafort tiene un significado muy especial para mí. Además de fotografiar a Saray, Christian y Carla, también he podido acompañar parte de su historia. Conocí a esta familia cuando Carla todavía estaba en la panza de su mamá. Ahora verla cumplir tres años hace que estas imágenes tengan un valor aún más grande.
Can Picafort siempre me parece una opción maravillosa para una sesión de fotos. En muy pocos minutos, el paisaje cambia completamente. Por un lado, la playa regala una luz increíble al atardecer. Además, los espacios verdes aportan frescura y un contraste precioso. Muy cerca también aparece una pequeña laguna con patos que encanta a los más pequeños. Incluso los rincones más rústicos suman textura y variedad a cada fotografía. Gracias a esa versatilidad, la sesión fluye de manera muy natural sin necesidad de recorrer largas distancias.
Lo que más disfruto de volver a fotografiar una familia es ver cómo cambia su historia con el paso del tiempo. Cada sesión añade un nuevo capítulo y conserva recuerdos que, de otra manera, terminarían perdiéndose entre la rutina. Por eso, durante mis sesiones intento que todo sea relajado y divertido. Los niños pueden jugar, explorar y descubrir el lugar a su propio ritmo. Mientras tanto, las fotografías capturan abrazos, miradas y pequeños gestos que hablan por sí solos. Son esos detalles los que, con los años, adquieren un valor inmenso.
El tiempo pasa mucho más rápido de lo que imaginamos. Sin embargo, las fotografías permiten volver a esos momentos una y otra vez. Si estás planeando unas vacaciones o vives en Mallorca, una sesión familiar puede convertirse en uno de los recuerdos más bonitos que lleves contigo. Me encantará ayudarte a contar la historia de tu familia de una manera natural, luminosa y atemporal.












































